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UNA CABAÑA EN EL CENTRO DEL BOSQUE

la cabaña del bosque

La aventura de 4 mujeres

By A. Monteagudo

La feria de Green Valley era un rotundo éxito para los pequeños empresarios los turistas y los habitantes de la localidad. Los días eran muy ajetreados y las tardes sin el bullicio de las mañanas, algo más tranquilos. El incesante ir y venir de lugareños venidos de todos los pueblos de alrededor hizo a la pequeña población protagonista de las fiestas. Las ventas este año se dispararon, Jacinto el acomodado propietario de la cantina hacía caja sonriendo y el resto de pequeños expositores, comentaban en pequeños grupos que el resultado era satisfactorio.

Corría la mañana del 31. Se esperaba un diciembre muy frío. Lo pájaros ya no trinaban como en meses anteriores, las hojas caducas del bosque cubrían con una espesa capa todo el valle y en la zona del río orientada al norte cada uno de los árboles, con una capa de hielo persistente en sus cortezas se hacían protagonistas. En Valley, así lo abreviaban los habitantes, las temperaturas dada la humedad y la altura sobre el nivel del mar podía llegar a los diez grados negativos. La fauna se ausentaría hasta primeros de abril con la llegada de los primeros calores. En la orilla oeste del cauce del río para esas fechas llegarían los primeros rayos de sol, pero para eso, todavía quedaban algunas semanas.

La fonda La Bodeguita era la única cantina donde los hombres podían acallar su sed dentro del pueblo. No estaba muy bien visto entre la gente de Valley que las mujeres accedieran al sótano donde se encontraba aquel lugar. De hecho, bajo una disimulada puerta de madera envejecida y con las bisagras desnudas de brillo y casi corroídas por el óxido, se escondía un pequeño refugio de apenas cuarenta metros cuadrados con una pequeña barra de bar hecha de ladrillo y rematada de tablas de maderas resquebrajadas por el uso. Se disponían ocho mesas cuadradas con sus correspondientes cuatro taburetes y en el lado izquierdo una chimenea siempre encendida, al lado, el viejo organillo que tocaba Louris, un invidente que de joven tocó en la orquesta municipal. Un accidente de caza le dejó sin visión al disparársele su escopeta de manera involuntaria cerca de la cara.

Los tejados llevaban semanas cubiertos de nieve, apenas se podían apreciar las chimeneas que por el sombrerete rebosaban humo a partir de las cuatro de la tarde cuando se encendían con la leña que Arthur el dueño del aserradero cortaba para vender. Arthur y su esposa Annette fuero la última pareja en llegar a Green Valley, contrajeron matrimonio en julio pasado e invitaron a todo el pueblo a las viandas y festejos que duraron dos días. Eran un matrimonio feliz, pero tenían una desgracia. Ella no quedaba embarazada a pesar de lo muchos intentos y no tenían ya esperanza alguna de poder traer al mundo a ningún hijo.

Braidy, por el contrario, era el eficaz y amañado hombre de Green Valley. Sus manos servían para todo; fontanería, albañilería, pequeños arreglos de carpintería, etc. Cuando un vecino tenía una urgencia, ahí estaba Braidy. En el pueblo, no había nada más que un teléfono en el ayuntamiento. Ningún vecino tenía posibilidad de comunicarse, salvo que pidiera cita para hacerlo desde la casa consistorial. Pero, tenían a Marcel, que además de ejercer de cartero y repartidor, a primera hora de la mañana se encargaba de vocear el pregón anunciando todas las novedades o requerimientos.

Se acercaba la noche de fin de año y todos los vecinos en especial las mujeres, se reunían en casa de Marta para hacer la lista de la compra de la cena del treinta y uno. Todas las familias prepararían platos especiales y estos deberían de ser cocinados con algunos productos que allí no había. Así que, varias mujeres se encargaban de comprarlos en el mercado central de LightTown a unas cuarenta millas de allí. Era el único pueblo de los alrededores que tenía un mercado central ya que, por su volumen de habitantes, casi seis mil, se convirtió de una población muy comercial.

Eva, Doris, Emily y Gracia, se subieron en un carromato tirado por dos espléndidos mulos y se encaminaron a cumplir su encargo. Eran las nueve de la mañana de un día desapacible. Se levantó viento del norte y amenazaba tormenta de nieve. Las cuatro mujeres no le dieron mucha importancia pues por aquellos parajes era algo común.

Una copiosa nevada y la densa niebla las cogió por sorpresa al punto de que las obligó a desviarse del camino para refugiarse en una pequeña cabaña de madera que desde hace algunos años se levantaba en el profundo y viejo bosque. Los cazadores la construyeron para guarecerse y dormir en invierno o en temporadas de caza.

En la cabaña, en la parte de atrás, el pequeño cobertizo sustentado por dos pilares de madera sería perfecto para dar cobijo a los animales, allí aguardarían a que la nevada cesara. La pequeña casita tenía lo necesario para pasar unas horas, no mucho más. Estufa de hierro con suficiente leña para unas noches, una pequeña alacena con comida, café y sémolas para cocinar una sopa, mantas, una lampara de aceite y dos catres donde poder descansar.

Pero el tiempo cambio, la nevada se acrecentó y la ventisca lleno los cristales de la única ventana en la cabaña con una fina capa de hielo. El silencio del bosque y el ruido del viento, traían los extraños sonidos que se escuchaban desde hacía tiempo desde el pueblo, pero ahora con mucha intensidad, parecían estar a poca distancia.

Las cuatro mujeres se dispusieron a preparar su cobijo para la noche y lo que pudiera suceder.


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By Serranilla

Consultor en Social Media y Analitica SEO. Social Media y Copywriter. Autor, escritor y ponente.

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